
En Proyecto LAM trabajamos para conservar la diversidad de los agaves mezcaleros y cuidar los territorios donde se cultivan. Nuestro enfoque integra la reproducción de agaves por semilla, el manejo agroecológico de nuestros predios y la restauración ecológica, buscando favorecer la biodiversidad y el desarrollo local.
Para nosotros, la sustentabilidad va más allá del discurso: se practica. La construimos a partir de la observación, la experimentación y el aprendizaje constante, tomando decisiones que consideren no solo las necesidades del presente, sino también la biodiversidad y la salud de las personas y del territorio a largo plazo.










Nuestro jardín botánico y nuestros predios resguardan distintas especies y variedades de agaves de la región. Una parte fundamental de nuestro trabajo consiste en conservar plantas madre hasta su floración y obtener semillas para reproducir su diversidad.
Dejar florecer un agave es también dejar que continúe su historia. Sus flores ofrecen alimento a murciélagos, aves e insectos polinizadores y, después de la polinización, las semillas hacen posible una nueva generación. Por eso conservamos parte de nuestros agaves hasta completar su ciclo reproductivo: porque la sustentabilidad también significa permitir que aquello que aprovechamos pueda volver a reproducirse.










Cada floración nos recuerda que conservar también es pensar en lo que viene después. Las semillas que obtenemos de nuestras plantas madre representan nuevas generaciones de agaves y la posibilidad de mantener su diversidad en el tiempo. De ahí nace nuestro banco de semillas: de la decisión de resguardar hoy una diversidad que queremos ver nuevamente en el territorio.
Hasta 2026, nuestro banco de semillas conserva lotes provenientes de 191 plantas madre, correspondientes a 22 variedades de 8 especies de agave de la región. También resguardamos semillas nativas de maíz, frijol y calabaza, que forman parte de nuestros sistemas de cultivo intercalados con agave.




Las semillas que conservamos forman parte de la diversidad biológica de estos territorios y representan un patrimonio que queremos mantener vivo. Por eso nos importa no solo conservarlas y reproducirlas, sino también saber de dónde provienen y procurar que su destino sea congruente con ese propósito. Cuidar este material implica evitar que semillas y plantas pierdan su vínculo con el territorio y circulen sin conocer para qué o dónde serán utilizadas.
En un contexto de cambio climático, guardar semillas es también guardar posibilidades. Conservar diversidad genética nos permite mantener alternativas frente a condiciones ambientales cambiantes y contar con semillas locales para nuestros espacios de cultivo, conservación, restauración e investigación.
Parte de estas semillas de agave son germinadas en nuestro vivero, en donde acompañamos su desarrollo hasta que las plantas estén listas para establecerse en campo.






La reproducción por semilla es especialmente importante en las especies de agave de aprovechamiento silvestre, pues nos permite contribuir a la continuidad de sus poblaciones y que la producción de mezcal no dependa solamente de extraer plantas del territorio, sino también de reproducirlas y conservarlas para el futuro.
Parte de este trabajo ya ha llegado hasta la producción de mezcal. Algunos destilados han sido elaborados con los primeros agaves cosechados de Proyecto LAM, mientras que otras ediciones especiales han sido creadas para recaudar fondos y contribuir a la continuidad de nuestro trabajo de conservación.
¡Apóyanos con un donativo al Proyecto LAM! Cada aportación nos ayuda a seguir adelante. Gracias por ser parte de este esfuerzo.



Para cuidar el territorio, en nuestros predios combinamos el manejo agroecológico de los cultivos con acciones para recuperar suelo, agua y vegetación.
Trabajamos con milpa intercalada y policultivos, no usamos agroquímicos, experimentamos con la elaboración y aplicación de bioinsumos, producimos nuestras compostas y realizamos monitoreo y trampeo de plagas. Estas prácticas nos permiten observar la respuesta de los cultivos y ajustar el manejo de acuerdo con las condiciones de cada predio.






A estas prácticas se suman obras para disminuir la erosión y favorecer la infiltración y retención de agua, así como acciones para recuperar la vegetación. Uno de los principales espacios donde ponemos en práctica estas acciones es La Carreta, un predio en el que desarrollamos un proceso de restauración ecológica que funciona también como espacio de experimentación y parcela demostrativa.
Durante 2026 hemos construido en este sitio 23 zanjas de infiltración y retención y 4 pozas para captación de agua, además de establecer distintas especies de agave y más de 250 árboles nativos. Son avances importantes, pero la restauración es un proceso de largo plazo y aún nos queda mucho trabajo por hacer.
En La Carreta, la producción y la restauración forman parte de un mismo proceso: los agaves conviven con árboles nativos, cultivos intercalados y obras de conservación de suelo y agua, conformando un espacio en el que seguimos aprendiendo y ajustando las prácticas de manejo conforme avanzamos.
Como parte de este compromiso a largo plazo, actualmente trabajamos para que La Carreta y otros predios de Proyecto LAM formen parte de un Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC).








Cada una de estas acciones es también una oportunidad para observar, registrar y generar información. El seguimiento de los agaves, los cultivos y los procesos de restauración nos permite evaluar lo que hacemos, ajustar nuestras prácticas y plantear nuevas preguntas.
Lo que aprendemos en nuestros viveros y predios no se queda ahí. Buscamos compartirlo y enriquecerlo a través de la investigación, la educación ambiental y la ciencia ciudadana. Así, el trabajo cotidiano en el territorio también se convierte en una oportunidad para generar conocimiento junto con otras personas.